LOS PROCESOS DE HIDALGUÍA EN EL REINO DE NAVARRA. USO DE ESCUDO DE ARMAS.


LOS PROCESOS DE HIDALGUÍA EN EL REINO DE NAVARRA.
USO DE ESCUDO DE ARMAS.

LA NOBLEZA EN NAVARRA
En Navarra, al igual que en los demás reinos de España, y de Europa en general, la nobleza formó uno de los tres estamentos de la sociedad, junto con el clero y el estado llano. Su lugar en la sociedad estaba respaldado por un estatuto jurídico privilegiado, protegido por un sistema de garantías judiciales que se activaba ante cualquier conflicto.

QUIÉN ES HIDALGO





Aunque para todos los interesados por el mundo nobiliario esté de más decir quiénes eran los hidalgos castellanos y navarros o los infanzones aragoneses, dos denominaciones para, en lo esencial, una misma situación noble, lo recordamos aquí.
La definición de la hidalguía más citada es, sin duda, la contenida en la Partida Segunda, Ley III del Título XXI que dice que: Hidalguía … es nobleza que viene a los hombres por linaje.
Así, la hidalguía o nobleza de sangre es aquella que se adquiere por ser hijo de padre hidalgo, descendiente de los que obtuvieron primitivamente la concesión de ella o la poseyeron legalmente, siempre que hubiesen transcurrido, al menos, tres generaciones en posesión de la nobleza. Se transmite exclusivamente por línea de varón, con muy pocas excepciones contenidas en privilegios reales.
La nobleza de sangre se adquiere por nacimiento y por las circunstancias en que se produce, pudiendo ocurrir que hijos de padre hidalgo no sean hidalgos. De forma general, la nobleza de sangre o hidalguía la adquieren los hijos biológicos legítimos y los hijos naturales reconocidos por el padre, pero no los hijos ilegítimos “contra natura” (bastardos, sacrílegos, incestuosos) ni los hijos adoptivos. Como notable excepción tenemos el privilegio denominado “del Ebro allá” por el cual incluso los hijos bastardos o sacrílegos heredaban la hidalguía del padre,
Las mujeres que no fuesen hidalgas por nacimiento que se casasen con un hidalgo, adquieren la hidalguía en tanto no enviuden y se casen de nuevo con un pechero.

OBLIGACIONES Y PRIVILEGIOS DE LOS HIDALGOS
Para comprender el motivo de muchos de los procesos de hidalguía ante los tribunales es necesario tener una idea de cuáles eran las obligaciones y los privilegios de los hidalgos en la sociedad estamental.
Las obligaciones más importantes, dentro de las generales de servicio a la nación y lealtad al rey, eran acudir a la guerra con armas y caballo, a costa del hidalgo, al ser llamados por el rey y  asistir a los reyes en paz y en guerra ejerciendo los cargos honoríficos.
Por su parte los privilegios más destacados eran que no se les podía embargar ni su casa, ni sus caballos o mulas, ni las armas; no podían ser encarcelados por deudas; estaban exentos de gran parte del pago de pechos y servicios; no podían ser sometidos a tormento ni ser condenado a la horca ni a otra muerte infamante; habían de tener cárcel separada de la de los pecheros; estaban excluidos del reparto de alojamiento y estaban exentos del sorteo para el reemplazo del ejército.
En general, en Castilla el uso de escudos de armas era libre, es decir que cualquiera podía usarlo sin necesidad de ser hidalgo. De hecho, en los procesos de hidalguía no se utiliza nunca como prueba de nobleza. Sin embargo, en Navarra solamente los hidalgos tenían derecho al uso de escudo de armas y este derecho era una de las causas principales por la que se desarrollaban procesos ante los tribunales de justicia del reino de Navarra.

TRIBUNALES EN EL REINO DE NAVARRA
La incorporación de Navarra a la corona de Castilla, en 1512, se hizo bajo el principio de que Navarra conservaba su condición de Reino y sus instituciones privativas.
En el reino de Navarra, las causas nobiliarias se resolvieron en las instancias superiores de justicia, conocidas como “tribunales reales”. Por encima de todos ellos, el Consejo Real de Navarra era el máximo órgano gubernativo y judicial del reino. Actuaba en última instancia sobre las apelaciones recibidas de la Corte Mayor, de la Cámara de Comptos, así como de otros tribunales militares y eclesiásticos, si bien excepcionalmente podía instruir directamente, en primera instancia. En el Consejo Real concluían todas las causas entre navarros, pues de sus sentencias dictadas en grado de revista no cabía apelación a otros tribunales de la monarquía española. Por su parte, el tribunal de la Corte Mayor de Navarra resolvía en apelación las sentencias pronunciadas por las instancias inferiores, como los alcaldes menores, los alcaldes de las buenas villas, los alcaldes del mercado y los alcaldes señoriales, conocía en primera instancia determinados asuntos y sus sentencias podían ser recurridas ante el Consejo Real por vía de suplicación. Por último, la Cámara de Comptos era el tribunal competente para todos los pleitos relacionados con el real patrimonio, de cuyas sentencias se apelaba igualmente al Consejo Real.
Las modalidades de tramitación de estas causas, que derivaban en el reconocimiento de la condición hidalga de una de las partes, fueron diversas. Entre las más habituales en la Corte Mayor destacan los juicios de denuncia de escudo de armas, que se iniciaban generalmente por denuncia del Fiscal –y el Patrimonial– y eran por tanto de materia criminal.  

DENUNCIA ESCUDO DE ARMAS.
Vamos a tratar un caso concreto de pleito criminal por denuncia de uso de escudo de armas para que, mediante extractos literales del mismo (en cursiva), pueda el lector hacerse una idea de lo que era este tito de pleito, tan propio de Navarra.
Cabe destacar que, a diferencia de la Corona de Castilla, en Navarra las armas no son, generalmente, propias de un linaje sino más bien de la casa solar o palacio cabo de armería. Quienes ostentaban la titularidad del mismo podían en derecho ostentarlas y sus descendientes solo podían hacerlo si eran reconocidos como descendientes del citado palacio y así replicarlas en sus casas.
Se trata de un pleito entablado por el Fiscal y el regimiento de Pamplona contra Sebastian Antonio de Barricarte y Vergara, procurador de los Tribunales Reales, en su nombre y como administrador de sus hijos, natural de Larraga y vecino de Pamplona, y otros, sus hermanos y adheridos, vecinos de Larraga y Pamplona, sobre denuncia de escudo de armas colocado en el frontispicio de su casa en la calle Mayor de Pamplona y, por vía de reconvención, reconocimiento de hidalguía de origen y dependencia notorios indubitados de tiempo inmemorial, probando además limpieza de sangre por los cuatro abolorios y derecho de uso de escudo de armas como originarios de casa Barricarte en la villa de Isaba, en el valle del Roncal. Año de 1780.
Comienza el proceso con la denuncia del Fiscal: “El Fiscal de Vuestra Majestad como mejor proceda se queja criminalmente de Sebastián de Barricarte  … por lo contenido en los artículos siguientes:
Primeramente que por repetidas leyes de este Reino se halla dispuesto que ninguna persona de cualquier estado y calidad que sea pueda usar ni poner en el frontis de su casa ni otros parajes públicos escudos de armas con divisas e insignias de hidalguía y nobleza no tocándoles ni perteneciéndoles legítimamente bajo las penas que las mismas prescriben … que dicho Barricarte … ha fijado y puesto en el frontis de su casa … un escudo de armas compuesto de diferentes divisas sin que ninguna de ellas le toquen ni pertenezcan … en perjuicio del derecho de Vuestra Majestad y el de la Nobleza …”
A continuación constan las declaraciones de testigos que dicen: “que el día lunes cuatro del corriente con orden del dicho Sebastián de Barricarte trabajó el testigo como maestro albañil en la casa propia del mismo Barricarte que tiene en la calle mayor de esta ciudad … un escudo de armas y lo fijó en su frontispicio con las divisas de la cabeza de un rey sobre un puente y tiene entendido el testigo corresponde dicha divisa al referido Barricarte por su apellido, como también que por ley del Reino está prohibido, no se pueda poner semejantes escudos con divisas que no le corresponden bajo las penas establecidas en dicha ley …”
A todo lo anterior, el procurador que representa al denunciado, contesta con las alegaciones que justifiquen el derecho de su representado a utilizar el escudo de armas que ha colocado en el frontispicio de su casa. Sus alegaciones son, en síntesis:
“Que mi parte… es natural de la villa de Larraga, e hijos legítimos de Diego Barricarte … Que el referido Diego Barricarte … es hijo legítimo … de Rafael de Barricarte … Que el referido Rafael de Barricarte … fue natural de la villa de Miranda, e hijo legítimo … de Rafael de Barricarte, natural de la villa de Isaba del valle del Roncal … Que el referido Rafael de Barricarte … y Pedro Barricarte su hermano fueron naturales de dicha villa de Isaba y originarios legítimos de ella y del referido valle del Roncal, y dicho Pedro dueño y poseedor de la Casa de los Barricates de dicha villa, que es de condición de hijosdalgo y de las oriundas de dicho valle como hijos legítimos de Pedro Barricat y Lucía Barricat, su mujer … y todos los poseedores de la expresada casa se han tenido y reputado por tales originarios Roncaleses, y como tales por Nobles Hijosdalgo …
… el escudo de armas tocante y perteneciente a los legítimos Roncaleses que tienen por divisas la cabeza del Rey Abderramán sobre un puente con tres rocas …
Que mi parte, su padre y abuelos paternos y maternos … han sido y son cristianos viejos de pura y limpia sangre, sin mancha ni mezcla de judíos, moros … ni penitenciados por el Santo Oficio …
Que de lo expuesto … resulta que mi parte ha fijado bien y legítimamente en el frontis de su casa el escudo de armas, divisas e insignias de nobleza que le tocan y corresponden … ante lo cual … a V. M. suplico absolver a mi parte de la acusación de vuestro fiscal … y poder y deber gozar de todas las excepciones, honras, franquezas e inmunidades que han gozado, gozan y pueden gozar los demás hijosdalgos de este Reino …
A continuación el Procurador de Sebastián de Barricarte solicita que escribano público traslade las partidas de sacramentales de los ascendientes de su parte con el fin de probar la línea genealógica. Así mismo solicita traslado del alistamiento hecho en el valle del Roncal para el reemplazo en el Ejército el año 1773, con la relación de estar comprendidos como nobles Pedro Barricarte, Andrés Barricarte, Pedro Barricarte y Basilio Barricarte.
Sigue con las declaraciones de los testigos presentados por Sebastián de Barricarte que ratifican las alegaciones presentadas por este en lo relativo a sus ascendientes, sus  lugares de origen, ser cristianos viejos, su limpieza de sangre y su notoria hidalguía y con el traslado de las partidas sacramentales, testamentos y otros documentos sobre dotes matrimoniales.
Así, y por todas las pruebas practicadas, la sentencia resuelve que: “Fallamos atento los autos, meritos del proceso y lo que de él resulta que debemos de absolver y absolvemos a Sebastián de Barricarte de la acusación de nuestro fiscal … que debemos de conceder y concedemos a este y a … sus hermanos … permiso y facultad para que como descendientes y originarios de la Casa de los Barricartes … en el valle del Roncal, puedan usar y usen el escudo de armas, divisas e insignias de nobleza que ha fijado en el frontis de su casa dicho Sebastián de Barricarte … y gozar de todas las exenciones, prerrogativas e inmunidades que han gozado, gozan y pueden gozar los demás hijosdalgos de este Reino … entendiéndose en cuanto a las hembras para los efectos que haya lugar … En Pamplona en Corte … sábado a nueve de diciembre de mil setecientos ochenta …”
Y así finaliza el pleito, que introduce algo también muy propio del Reino de Navarra como son las noblezas colectivas de determinados valles y el escudo de armas propio de dicho valle, que pueden utilizar todos los originarios del mismo, como en este caso es el valle del Roncal.

DÍAZ-VARELA




Armas: partido: 1º, de oro, un águila de sable; la bordura de azur con ocho lises de oro; 2º, de gules, cuatro palos de sinople perfilados de oro. 

CERVANTES




Armas: En campo de gules, cinco piñas de oro colocadas tres, dos y una.

BARUTELL



Armas: En campo de oro, una faja de gules.

AUBAREDE



Armas: En campo de sinople, un águila imperial de oro coronada de lo mismo (Certificación del Cronista Rey de Armas don Pasqual Antonio de la Rua y Ruiz de Naveda, bajo el reinado de Carlos IV).

ARCE



Armas: Partido: 1º, de plata, cinco flores de lis de azur puestas en aspa; 2º, de oro, tres fajas de gules

ALFONZO-LARRAIN



Escudo partido: 1º: cortado: Primero, en gules un castillo, de plata, aclarado de sable y segundo, en azur una lis, de plata; 2º: en gules una faja, de oro, acompañada en lo alto y en lo bajo de una caldera del mismo metal. Sobre ambos cuarteles, en jefe y en punta, diez aspas de oro. 

PAZO DO POMBAL




Escudo dibujado en el estilo de blancos y negros necesario para ser grabado en cristales por el procedimiento de chorro de arena.

MARQUÉS DE ALHUCEMAS, G. DE E.



Versión con la forma del escudo no propiamente española, pero que facilita la colocación de las figuras en los cuarteles inferiores.

EL HIDALGO Y EL CABALLERO

EL HIDALGO Y EL CABALLERO


Si nos remitimos a lo que establecen la Partida Segunda de Alfonso X el Sabio, en su Título XXI podríamos establecer una equivalencia entre los Caballeros y los Hidalgos.
La Partida Segunda, en su Título XXI, nos habla De los Caballeros et de las cosas que les conviene de facer. Dice:
“Defensores son uno de los tres estados porque Dios quiso que se mantuviese el mundo: ca bien asi como los que ruegan a Dios por el pueblo son dichos oradores; et otro si los que labran la tierra et facen en ella aquellas cosas por que los homes han de vevir et de mantenerse son dichos labradores; et otrosi los que han de defender a todos son dichos defensores: por ende los homes que tal obra han de facer tovieron por bien los antiguos que fuesen mucho escogidos, et esto fue porque en defender yacen tres cosas, esfuerzo, et honra et poderio.”
La Ley I de dicho Título de Por qué razon la caballeria et los caballeros hobieron asi nombre, comienza diciendo que
“Caballería fue llamada antiguamente la compañía de nobles homes que fueron puestos para defender las tierras: et por eso le posieron nombre el latin militia, que quiere tanto decir como compañias de homes duros, et fuertes et escogidos para sofrir males, trabajando et lazrando por pro de todos comunalmente”
Y continúa en la Ley II Como deben ser escogidos los caballeros:
“Et por esto sobre  todas las cosas cataron que fuesenhomes de buen linaje, porque se guardasen de facer cosa por que podiesen caer en vergüenza: et porque estos fueron escogidos de buenos logares et algo, que quiere tanto decir en lenguaje de España como bien, por eso los llamaron fijosdalgo, que muestra a tanto como fijos de bien”
“Et por ende los fijosdalgo deben seer escogidos que vengan de derecho linaje de padre et de abuelo fasta en el cuarto grado a que llaman visabuelos: et esto tovieron por bien los antiguos, porque daquel tiempo adelante no se pueden acoradar los homes; pero quanto dende adelante mas de lueñe vienen de linaje, tanto mas crecen en su honra et en su fidalguia”
Sin embargo, a lo largo de la historia esta equivalencia no se mantiene y en absoluto la palabra caballero e hidalgo tienen el mismo significado, aunque el continuo uso generalizado y de forma poco precisa, durante siglos, de los términos hidalgo y caballero, ha hecho que se fuesen utilizando como equivalentes.
La propia Real Academia no ha precisado de forma clara los dos conceptos en su diccionario de la Lengua Española. En dicho diccionario define al caballero, en sentido histórico, como:
Caballero: Hidalgo de calificada nobleza.
Debemos distinguir lo que significa ser hidalgo y lo que significa ser caballero. Lo esencial es que el caballero, para serlo, no precisaba tener hidalguía. Los primitivos caballeros fueron todos los que por tener fortuna suficiente, aunque fuesen plebeyos, podía sostener a su costa caballo y armas para ir a la guerra. La caballería consistía, pues, en ser militar, tener caballo propio y cierta fortuna. Más adelante se exigió haber recibido la investidura por mano de otro caballero.
En la Nueva Recopilación, libro IV, título I, ley III, se dispones:
“… si los tales caballeros no guardaren y mantuvieren estas dos cosas conjuntamente, conviene a saber, que mantengan los caballos y armas y no usen de oficios baxos e viles, que no gocen entonces de la caballería …”
Que para ser caballero no era necesario ser hidalgo lo muestra otra disposición de los mismos Reyes:
Los Reyes católicos en las Cortes de Madrigal del año 1476, al ordenar
“Establecemos que solo Nos, o cualquiera de Nos podamos hacer, y armar caballeros, y no otra persona alguna, asi en el campo como en otra cualquier manera, y en nuestro querer y voluntad sea que sean armados con la solemnidad y ceremonias que las nuestras leyes de las Partidas disponen, o sin ellas; pero que si los caballeros así hidalgos como no hiidalgos guardaren aquellas cosas que se contienen en las leyes de nuestros reinos, puedan gozar y gocen de todas las honras, i preeminencias y libertades de la caballería, quando por Nos o cualquiera de Nos fueren armados, aunque no intervengan las ceremonias y solemnidades de las leyes de las Partidas”
Y Juan II, en 1442 dice:
“Ordenamos que los dichos caballeros para que puedan gozar de la dicha Caballería guarden la ley y Ordenanza nuestra de Zamora (que tengan caballos y armas) y en tal caso puedan gozar no solo de no pagar monedas mas de todos los pechos y pedidos y repartimientos nuestros y de los Concejos, donde vivieren, aunque antes fuesen y hubiesen sido pecheros o hijos de pecheros, tanto que viven de oficio de caballeros y de armas e hiciesen alarde según manda la ley y no vivan en oficios bajos y no nobles, salvo que paguen en aquellas cosas que los hidalgos deben pechar y contribuir, porque en aquellas han de pagar como los hidalgos”
La confusión, en parte, de dichas denominaciones fue que hidalgos y caballeros tenían en común de muchas exenciones y prerrogativas, tales como no satisfacer pechos y tributos.
Sobre las prerrogativas y exenciones de los Caballeros, es un buen ejemplo la siguiente disposición: 
Nueva recopilación, Libro VI, Título I, Ley I. Don Juan II, i después el mismo en Valladolid año de 1447, pet. 38. Don Fernando i doña Isabel, lo confirman i entienden. Como han de gozar los que son cavalleros armados siendo pecheros, i sus hijos, i que es lo que han de facer para gozar.
“Por quanto por una Pragmática, que el Señor Rei Don Juan mandó publicar, hecha en la ciudad de Toledo año de mil cuatrocientos i veinte i dos años, mandó, que todas, i cualesquier personas, de cualquier estado, i condicion, que fueron armados Cavalleros, después que reino fasta entonces, assi por él, como por su mandado, los quales primeramente eran pecheros, que no se pudiesen escusar ellos, ni sus hijos, que tenian antes de la divha Caballería , de pagar, i pechar, mas que pagasen en todos cualesquier pechos, assi Reales, como Concejales, según que antes que fuesen armados Cavalleros, lo solian pagar, no embargante cualesquier Cartas, i Alvalaes que sobre ello oviese dado: i con esta limitación, que los tales pudiesen afiar, i desafiar, i reptar, i hacer todos los otros autos, i gozar de todas las otras franquezas, i privilegios, i gracias, i exenciones, que según derecho, i leyes de nuestros Reinos los dichos cavalleros armados pueden, i deben gozar, excepto en los dichos pechos: i porque en las Cortes, que hizo en Zamora el año de mil i cuatrocientos i treinta i dos, le fue pedido que, porque después de lo susodicho, i hasta las dichas Cortes de Zamora avia armado muchos Cavalleros, que eran pecheros, i avian conseguido las dichas Cavallerias por se excusar de pechar, que mandasse que no gozasen de la tal libertad, salvo aquellos, que continuamente tuviesen cavallos i armas; el qual en las dichas Cortes de Zamora mandó, i Nos agora ordenamos, i mandamos que todos aquellos, que fuesen armados cavalleros por él o por Nos, o por nuestro mandado, para gozar de las tales Cavallerias, sean tenudos de tener continuamente cavallos, i armas para nos servir en las guerras, assi como si de Nos tuviesen tierra,i acostamiento;i que el cavallo sea de valor, con que pueda servir, i el arné cumplido, en que aya ojas, o platas; i que sean tenudos de mantener mula, o haca; i que el cavallo, i armas, que lo tengan continuamente todo el año, i que de otra guisa no puedab gozar de la Caballería, ni de los privilegios, y exenciones de ella; i que los hijos, que oviere avido antes de la Caballería, no gocen de la esencion, i privilegios de la Caballería de sus Padres; i que los hijos, que han, o ovieren después de la caballería, que aquellos gocen de la dicha libertad con la misma carga, i no otros, ni de otra guisa; pero que el cavallero, que fuere de edad de sesenta años arriba, no sea tenudo de ir por su persona a la guerra; pero que todavía sean tenudos de mantener cavallos, i armas, i enviar a la guerra quien sirva por ellos.”
Como ejemplos concretos, podemos mencionar varios tipos de caballeros:
Caballeros de la Espuela Dorada: Es una distinción que concedían los Reyes a quienes eran hijosdalgo mediante una ceremonia en la que el propio Rey u otro caballero le ceñían la espada y le calzaban las espuelas diciéndole, al tiempo de la pescozada: “Que Dios y el bienaventurado Apóstol Santiago os hagan buen caballero”. Varios Reyes y Príncipes fueron armados caballeros de este modo. Así don Alfonso XI y don Fernando III el Santo, quien no reconociendo superior se armó cabalero a si mismo en Moral de la Reina en 1258.
Caballeros Pardos a Fuero de León: En los siglos de la Reconquista, la inexistencia de un ejército regular y la necesidad de disponer de huestes con gran movilidad al servicio del Rey en sus acciones contra los musulmanes, hizo que, durante los siglos X y XI, se concedieran diversos privilegios a villanos que poseyeran armas y caballo y tuviesen la voluntad de combatir como jinetes.
De esa caballería y de las sucesivas concesiones de exenciones y privilegios nación la caballería villana o a fuero de León o caballeros Pardos. En determinadas circunstancias, los beneficios del padre podían ser disfrutados por sus hijos, siempre y cuando los hubiese tenido después de ser Caballero.
Otros con el mismo nombre fueron creados por el cardenal Cisneros cuando era gobernador de Castilla, pero fueron suprimidos por Carlos V en 1518.
Caballeros Quantiosos: Fueron creados por los Reyes Católicos en pragmática de 20 de julio de 1492 para la defensa de Andalucía.
Ley XI, Título I, Libro VI de la Nueva Recopilación. Don Fernando y doña Isabel en Valladolid, año de 1492, a 20 de julio. Pragmática. Que ponen la orden, i manera que se ha de tener para gozar los Cavalleros de Quantía, que tuvieren armas, i cavallo en el Andalucía; i que hacienda han de tener; i que alardes han de facer.
“… i mandamos se informen en principio de cada un año de todos los que tienen quantia para ser Cavalleros de premia, que no lo son, i los asienten por Cavalleros de premia, porque dende en adelante ayan de tener cavallos, i facer las otras cosas que son obligados a facer los Cavalleros de premia …”
La condición inicial para ser caballero cuantiosos, además de la de mantener armas y caballo, era que tuviesen 100.000 maravedís de hacienda, aumentada a 375.000 o su equivalente de 1.000 ducados en tiempos de Felipe II y a 2.000 en los de Felipe III. Así se constituyó una especie de milicia permanente y gratuita, formada por pecheros adinerados.
Para facilitar el aumento de caballeros cuantiosos, el Rey don Felipe II dispuso, en ley dada en Monzón el 1 de noviembre de 1563, recogida como Ley XIII del título I del libro VI de la Nueva Recopilación: Que pone ciertas declaraciones en lo de los Cavalleros Quantiosos:
“Que el Cavallero de Quantía no puede vender el cavallo sin intervención de la justicia; i que se asiente en el libro, que se ha de tener, el cavallo que vende, i el dia en que le vende; i se obligue a comprar otro dentro de sesenta dias, después que vendiere el cavallo, i presentarlo ante la misma justicia el que comprare, para que se asiente en el mismo libro, de manera que aya cuenta, i razon con los cavallos, que se vendieren, i compraren en lugar de ellos.
Que sean admitidos por Quantiosos todos los que quisieren de su voluntad, aunque tengan menos de los mil ducados de hacienda, que en la provision declara; i que se les guarde, i gocen de las preeminencias que los otros”
En ningún momento se exige a estos caballeros quantiosos la condición de hidalgos.
Esta milicia de Caballeros Cuantiosos fue extinguida por la Real Cédula de don Felipe III, dada en Belén el 28 de junio de 1619 y recogida como Ley I del Título III del LibroVI de la Novísima Recopilación. Extinción de los Caballeros Cuantiosos de Andalucía en cumplimiento de una condición del servicio de millones:
“Atento que los Caballeros Cuantiosos de la Andalucia se fundaron en tiempo que hacian frontera los moros de Granada,y  hoy, por no haberla, deben cesar, pues en su lugar, para acudir a la defensa de los Puertos, esta instituida Milicia general en los mismos lugares … que los Caballeros Cuantiosos cesen y se consuman de todo punto…”
Más tarde fue restablecido, ya que encontramos la Real Cédula de 27 de febrero de 1734, dada por el Rey Felipe V, en el Pardo. Fuero, i preeminencias del Regimiento de Cuantiosos restablecido en Andalucia el año de 1734:
“En el Lugar Realengo, i de Señorio se tendrá atención a preferirlos en los oficios públicos honoríficos.”
Caballero de la Costa de Granada: Tenía carácter voluntario, sin necesidad de disponer de una determinada posición económica. Estaban exentos de pechos y tributos y su obligación consistía en mantener armas y caballo, asistir a lardes y acudir a la defensa de la costa granadina.  En relación con el servicio en elejército:
“También el hijo único apto del soldado de caballería de la costa de Granada será exento; y si tuviere muchos aptos para el servicio, será exento uno que le ayude a cuidar de su hacienda o de su industria.”
Una diferencia notable entre caballero e hidalgo fue la posibilidad o no de ejercer oficios manuales o mecánicos considerados como bajos o viles. Mientras estaba permitido a los hidalgos, como podemos ver de forma continua en el Catastro del Marqués de la Ensenada en el que aparecen miles de hidalgos con los oficios más humildes, le estaba absolutamente prohibido a los caballeros.
-      Nueva Recopilación de das Leyes de España, Libro VI, Título I. De los Caballeros. Ley III. Los Reyes Católicos prohíben que los caballeros vivan de ciertos oficios:
“… sastres, ni de pellejeros, ni carpinteros, ni pedreros, ni ferreros, ni tullidotes, ni barberos, ni especieros, ni regatones, ni zapateros, ni usando de otros oficios baxos e viles; y si los tales caballeros no guardaren y mantuvieren estas dos cosas conjuntamente, conviene a saber que mantengan caballos y armas y no usen de oficios baxos e viles, que no gocen de la franqueza de la caballería, mas que pechen y pagen todos los pechos assí Reales como concejales …”

Esta obligación de los caballeros de no ejercer oficios bajos o viles se extendió en determinadas corporaciones nobiliarias a todos los hidalgos, haciendo creer que era propia del estado Noble. Para evidenciar lo falso de esta creencia basta con ver los padrones, los cuales están repletos de hidalgos con toda clase de oficios.