PAZO DO POMBAL




Escudo dibujado en el estilo de blancos y negros necesario para ser grabado en cristales por el procedimiento de chorro de arena.

MARQUÉS DE ALHUCEMAS, G. DE E.



Versión con la forma del escudo no propiamente española, pero que facilita la colocación de las figuras en los cuarteles inferiores.

EL HIDALGO Y EL CABALLERO

EL HIDALGO Y EL CABALLERO


Si nos remitimos a lo que establecen la Partida Segunda de Alfonso X el Sabio, en su Título XXI podríamos establecer una equivalencia entre los Caballeros y los Hidalgos.
La Partida Segunda, en su Título XXI, nos habla De los Caballeros et de las cosas que les conviene de facer. Dice:
“Defensores son uno de los tres estados porque Dios quiso que se mantuviese el mundo: ca bien asi como los que ruegan a Dios por el pueblo son dichos oradores; et otro si los que labran la tierra et facen en ella aquellas cosas por que los homes han de vevir et de mantenerse son dichos labradores; et otrosi los que han de defender a todos son dichos defensores: por ende los homes que tal obra han de facer tovieron por bien los antiguos que fuesen mucho escogidos, et esto fue porque en defender yacen tres cosas, esfuerzo, et honra et poderio.”
La Ley I de dicho Título de Por qué razon la caballeria et los caballeros hobieron asi nombre, comienza diciendo que
“Caballería fue llamada antiguamente la compañía de nobles homes que fueron puestos para defender las tierras: et por eso le posieron nombre el latin militia, que quiere tanto decir como compañias de homes duros, et fuertes et escogidos para sofrir males, trabajando et lazrando por pro de todos comunalmente”
Y continúa en la Ley II Como deben ser escogidos los caballeros:
“Et por esto sobre  todas las cosas cataron que fuesenhomes de buen linaje, porque se guardasen de facer cosa por que podiesen caer en vergüenza: et porque estos fueron escogidos de buenos logares et algo, que quiere tanto decir en lenguaje de España como bien, por eso los llamaron fijosdalgo, que muestra a tanto como fijos de bien”
“Et por ende los fijosdalgo deben seer escogidos que vengan de derecho linaje de padre et de abuelo fasta en el cuarto grado a que llaman visabuelos: et esto tovieron por bien los antiguos, porque daquel tiempo adelante no se pueden acoradar los homes; pero quanto dende adelante mas de lueñe vienen de linaje, tanto mas crecen en su honra et en su fidalguia”
Sin embargo, a lo largo de la historia esta equivalencia no se mantiene y en absoluto la palabra caballero e hidalgo tienen el mismo significado, aunque el continuo uso generalizado y de forma poco precisa, durante siglos, de los términos hidalgo y caballero, ha hecho que se fuesen utilizando como equivalentes.
La propia Real Academia no ha precisado de forma clara los dos conceptos en su diccionario de la Lengua Española. En dicho diccionario define al caballero, en sentido histórico, como:
Caballero: Hidalgo de calificada nobleza.
Debemos distinguir lo que significa ser hidalgo y lo que significa ser caballero. Lo esencial es que el caballero, para serlo, no precisaba tener hidalguía. Los primitivos caballeros fueron todos los que por tener fortuna suficiente, aunque fuesen plebeyos, podía sostener a su costa caballo y armas para ir a la guerra. La caballería consistía, pues, en ser militar, tener caballo propio y cierta fortuna. Más adelante se exigió haber recibido la investidura por mano de otro caballero.
En la Nueva Recopilación, libro IV, título I, ley III, se dispones:
“… si los tales caballeros no guardaren y mantuvieren estas dos cosas conjuntamente, conviene a saber, que mantengan los caballos y armas y no usen de oficios baxos e viles, que no gocen entonces de la caballería …”
Que para ser caballero no era necesario ser hidalgo lo muestra otra disposición de los mismos Reyes:
Los Reyes católicos en las Cortes de Madrigal del año 1476, al ordenar
“Establecemos que solo Nos, o cualquiera de Nos podamos hacer, y armar caballeros, y no otra persona alguna, asi en el campo como en otra cualquier manera, y en nuestro querer y voluntad sea que sean armados con la solemnidad y ceremonias que las nuestras leyes de las Partidas disponen, o sin ellas; pero que si los caballeros así hidalgos como no hiidalgos guardaren aquellas cosas que se contienen en las leyes de nuestros reinos, puedan gozar y gocen de todas las honras, i preeminencias y libertades de la caballería, quando por Nos o cualquiera de Nos fueren armados, aunque no intervengan las ceremonias y solemnidades de las leyes de las Partidas”
Y Juan II, en 1442 dice:
“Ordenamos que los dichos caballeros para que puedan gozar de la dicha Caballería guarden la ley y Ordenanza nuestra de Zamora (que tengan caballos y armas) y en tal caso puedan gozar no solo de no pagar monedas mas de todos los pechos y pedidos y repartimientos nuestros y de los Concejos, donde vivieren, aunque antes fuesen y hubiesen sido pecheros o hijos de pecheros, tanto que viven de oficio de caballeros y de armas e hiciesen alarde según manda la ley y no vivan en oficios bajos y no nobles, salvo que paguen en aquellas cosas que los hidalgos deben pechar y contribuir, porque en aquellas han de pagar como los hidalgos”
La confusión, en parte, de dichas denominaciones fue que hidalgos y caballeros tenían en común de muchas exenciones y prerrogativas, tales como no satisfacer pechos y tributos.
Sobre las prerrogativas y exenciones de los Caballeros, es un buen ejemplo la siguiente disposición: 
Nueva recopilación, Libro VI, Título I, Ley I. Don Juan II, i después el mismo en Valladolid año de 1447, pet. 38. Don Fernando i doña Isabel, lo confirman i entienden. Como han de gozar los que son cavalleros armados siendo pecheros, i sus hijos, i que es lo que han de facer para gozar.
“Por quanto por una Pragmática, que el Señor Rei Don Juan mandó publicar, hecha en la ciudad de Toledo año de mil cuatrocientos i veinte i dos años, mandó, que todas, i cualesquier personas, de cualquier estado, i condicion, que fueron armados Cavalleros, después que reino fasta entonces, assi por él, como por su mandado, los quales primeramente eran pecheros, que no se pudiesen escusar ellos, ni sus hijos, que tenian antes de la divha Caballería , de pagar, i pechar, mas que pagasen en todos cualesquier pechos, assi Reales, como Concejales, según que antes que fuesen armados Cavalleros, lo solian pagar, no embargante cualesquier Cartas, i Alvalaes que sobre ello oviese dado: i con esta limitación, que los tales pudiesen afiar, i desafiar, i reptar, i hacer todos los otros autos, i gozar de todas las otras franquezas, i privilegios, i gracias, i exenciones, que según derecho, i leyes de nuestros Reinos los dichos cavalleros armados pueden, i deben gozar, excepto en los dichos pechos: i porque en las Cortes, que hizo en Zamora el año de mil i cuatrocientos i treinta i dos, le fue pedido que, porque después de lo susodicho, i hasta las dichas Cortes de Zamora avia armado muchos Cavalleros, que eran pecheros, i avian conseguido las dichas Cavallerias por se excusar de pechar, que mandasse que no gozasen de la tal libertad, salvo aquellos, que continuamente tuviesen cavallos i armas; el qual en las dichas Cortes de Zamora mandó, i Nos agora ordenamos, i mandamos que todos aquellos, que fuesen armados cavalleros por él o por Nos, o por nuestro mandado, para gozar de las tales Cavallerias, sean tenudos de tener continuamente cavallos, i armas para nos servir en las guerras, assi como si de Nos tuviesen tierra,i acostamiento;i que el cavallo sea de valor, con que pueda servir, i el arné cumplido, en que aya ojas, o platas; i que sean tenudos de mantener mula, o haca; i que el cavallo, i armas, que lo tengan continuamente todo el año, i que de otra guisa no puedab gozar de la Caballería, ni de los privilegios, y exenciones de ella; i que los hijos, que oviere avido antes de la Caballería, no gocen de la esencion, i privilegios de la Caballería de sus Padres; i que los hijos, que han, o ovieren después de la caballería, que aquellos gocen de la dicha libertad con la misma carga, i no otros, ni de otra guisa; pero que el cavallero, que fuere de edad de sesenta años arriba, no sea tenudo de ir por su persona a la guerra; pero que todavía sean tenudos de mantener cavallos, i armas, i enviar a la guerra quien sirva por ellos.”
Como ejemplos concretos, podemos mencionar varios tipos de caballeros:
Caballeros de la Espuela Dorada: Es una distinción que concedían los Reyes a quienes eran hijosdalgo mediante una ceremonia en la que el propio Rey u otro caballero le ceñían la espada y le calzaban las espuelas diciéndole, al tiempo de la pescozada: “Que Dios y el bienaventurado Apóstol Santiago os hagan buen caballero”. Varios Reyes y Príncipes fueron armados caballeros de este modo. Así don Alfonso XI y don Fernando III el Santo, quien no reconociendo superior se armó cabalero a si mismo en Moral de la Reina en 1258.
Caballeros Pardos a Fuero de León: En los siglos de la Reconquista, la inexistencia de un ejército regular y la necesidad de disponer de huestes con gran movilidad al servicio del Rey en sus acciones contra los musulmanes, hizo que, durante los siglos X y XI, se concedieran diversos privilegios a villanos que poseyeran armas y caballo y tuviesen la voluntad de combatir como jinetes.
De esa caballería y de las sucesivas concesiones de exenciones y privilegios nación la caballería villana o a fuero de León o caballeros Pardos. En determinadas circunstancias, los beneficios del padre podían ser disfrutados por sus hijos, siempre y cuando los hubiese tenido después de ser Caballero.
Otros con el mismo nombre fueron creados por el cardenal Cisneros cuando era gobernador de Castilla, pero fueron suprimidos por Carlos V en 1518.
Caballeros Quantiosos: Fueron creados por los Reyes Católicos en pragmática de 20 de julio de 1492 para la defensa de Andalucía.
Ley XI, Título I, Libro VI de la Nueva Recopilación. Don Fernando y doña Isabel en Valladolid, año de 1492, a 20 de julio. Pragmática. Que ponen la orden, i manera que se ha de tener para gozar los Cavalleros de Quantía, que tuvieren armas, i cavallo en el Andalucía; i que hacienda han de tener; i que alardes han de facer.
“… i mandamos se informen en principio de cada un año de todos los que tienen quantia para ser Cavalleros de premia, que no lo son, i los asienten por Cavalleros de premia, porque dende en adelante ayan de tener cavallos, i facer las otras cosas que son obligados a facer los Cavalleros de premia …”
La condición inicial para ser caballero cuantiosos, además de la de mantener armas y caballo, era que tuviesen 100.000 maravedís de hacienda, aumentada a 375.000 o su equivalente de 1.000 ducados en tiempos de Felipe II y a 2.000 en los de Felipe III. Así se constituyó una especie de milicia permanente y gratuita, formada por pecheros adinerados.
Para facilitar el aumento de caballeros cuantiosos, el Rey don Felipe II dispuso, en ley dada en Monzón el 1 de noviembre de 1563, recogida como Ley XIII del título I del libro VI de la Nueva Recopilación: Que pone ciertas declaraciones en lo de los Cavalleros Quantiosos:
“Que el Cavallero de Quantía no puede vender el cavallo sin intervención de la justicia; i que se asiente en el libro, que se ha de tener, el cavallo que vende, i el dia en que le vende; i se obligue a comprar otro dentro de sesenta dias, después que vendiere el cavallo, i presentarlo ante la misma justicia el que comprare, para que se asiente en el mismo libro, de manera que aya cuenta, i razon con los cavallos, que se vendieren, i compraren en lugar de ellos.
Que sean admitidos por Quantiosos todos los que quisieren de su voluntad, aunque tengan menos de los mil ducados de hacienda, que en la provision declara; i que se les guarde, i gocen de las preeminencias que los otros”
En ningún momento se exige a estos caballeros quantiosos la condición de hidalgos.
Esta milicia de Caballeros Cuantiosos fue extinguida por la Real Cédula de don Felipe III, dada en Belén el 28 de junio de 1619 y recogida como Ley I del Título III del LibroVI de la Novísima Recopilación. Extinción de los Caballeros Cuantiosos de Andalucía en cumplimiento de una condición del servicio de millones:
“Atento que los Caballeros Cuantiosos de la Andalucia se fundaron en tiempo que hacian frontera los moros de Granada,y  hoy, por no haberla, deben cesar, pues en su lugar, para acudir a la defensa de los Puertos, esta instituida Milicia general en los mismos lugares … que los Caballeros Cuantiosos cesen y se consuman de todo punto…”
Más tarde fue restablecido, ya que encontramos la Real Cédula de 27 de febrero de 1734, dada por el Rey Felipe V, en el Pardo. Fuero, i preeminencias del Regimiento de Cuantiosos restablecido en Andalucia el año de 1734:
“En el Lugar Realengo, i de Señorio se tendrá atención a preferirlos en los oficios públicos honoríficos.”
Caballero de la Costa de Granada: Tenía carácter voluntario, sin necesidad de disponer de una determinada posición económica. Estaban exentos de pechos y tributos y su obligación consistía en mantener armas y caballo, asistir a lardes y acudir a la defensa de la costa granadina.  En relación con el servicio en elejército:
“También el hijo único apto del soldado de caballería de la costa de Granada será exento; y si tuviere muchos aptos para el servicio, será exento uno que le ayude a cuidar de su hacienda o de su industria.”
Una diferencia notable entre caballero e hidalgo fue la posibilidad o no de ejercer oficios manuales o mecánicos considerados como bajos o viles. Mientras estaba permitido a los hidalgos, como podemos ver de forma continua en el Catastro del Marqués de la Ensenada en el que aparecen miles de hidalgos con los oficios más humildes, le estaba absolutamente prohibido a los caballeros.
-      Nueva Recopilación de das Leyes de España, Libro VI, Título I. De los Caballeros. Ley III. Los Reyes Católicos prohíben que los caballeros vivan de ciertos oficios:
“… sastres, ni de pellejeros, ni carpinteros, ni pedreros, ni ferreros, ni tullidotes, ni barberos, ni especieros, ni regatones, ni zapateros, ni usando de otros oficios baxos e viles; y si los tales caballeros no guardaren y mantuvieren estas dos cosas conjuntamente, conviene a saber que mantengan caballos y armas y no usen de oficios baxos e viles, que no gocen de la franqueza de la caballería, mas que pechen y pagen todos los pechos assí Reales como concejales …”

Esta obligación de los caballeros de no ejercer oficios bajos o viles se extendió en determinadas corporaciones nobiliarias a todos los hidalgos, haciendo creer que era propia del estado Noble. Para evidenciar lo falso de esta creencia basta con ver los padrones, los cuales están repletos de hidalgos con toda clase de oficios.

MARQUÉS DE ALHUCEMAS





Escudo cuartelado: 1º, en campo de azur, dos medias lunas de plata, figuradas y afrontadas, asidas por una cadena de oro, colocada en banda, y acostada por sendas estrellas de oro; bordura de gules con trece aspas de oro. 2º, en campo de gules, una cruz flordelisada, de oro, cargada de una cruz, de gules. 3º, partido: 1º, en campo de azur, una garza de oro, abiertas las alas y zajándose el pecho que gotea sangre; bordura partida: la diestra de oro con ocho aspas de gules, y la siniestra de gules con ocho veneras de oro. 2º, cortado: 1º, de oro, un águila de gules; 2º, de gules, sobre ondas de plata y azur, una torre de oro, aclarada de gules, y acompañada de un león de oro alzado sobre cada lado de la torre; bordura general de gules con ocho aspas de oro. 4º, cuartelado: 1º y 4º, en campo de azur un creciente de plata, ranversado y figurado; 2º y 3º, de oro, una cruz floreteada de gules; sobre el todo, escusón de oro, con un sol, de azur.

PROCESOS DE HIDALGUÍA




PROCESOS DE HIDALGUÍA DEL CONSEJO REAL DE NAVARRA. SIGLO XVI.

La Real Asociación de Hidalgos de España, a través de su Fundación Instituto Español de Estudios Nobiliarios continúa con la tarea iniciada ya hace años de publicar los extractos de la información nobiliaria, genealógica y heráldica de los expedientes de hidalguía e infanzonía que se conservan en los archivos históricos correspondientes a los antiguos reinos de España.
Este volumen, primero sobre los Procesos de Hidalguía en Navarra, recoge todos los procesos que por distintas causas, pero con el denominador común de tratarse de procesos en los que era necesario probar la condición hidalga, se desarrollaron durante el siglo XVI en el Consejo Real de Navarra.

LOS TRIBUNALES REALES DE NAVARRA Y LAS CAUSAS NOBILIARIAS
En el reino de Navarra, las causas nobiliarias se resolvieron en las instancias superiores de justicia, conocidas como “tribunales reales”. El Consejo Real de Navarra era el máximo órgano gubernativo y judicial del reino. Actuaba en última instancia sobre las apelaciones recibidas de la Corte Mayor, de la Cámara de Comptos, así como de otros tribunales militares y eclesiásticos, si bien excepcionalmente podía instruir directamente, en primera instancia.Los archivos del Consejo Real, de la Corte Mayor y de la Cámara de Comptos, convenientemente custodiados en el Archivo Real y General de Navarra, constituyen hoy en día los principales conjuntos documentales disponibles para el conocimiento de la nobleza ejecutoriada del reino de Navarra, especialmente a través de sus fuentes procesales de carácter seriado.

TIPOLOGÍA DOCUMENTAL

La tipología documental con la que se ha trabajado es la de procesos o pleitos civiles y criminales en juicio contradictorio, pendientes o sentenciados, de los Tribunales Reales, acordes a los actos positivos de nobleza establecidos en el reino de Navarra. Para la selección de los pleitos se buscaron aquellos que correspondiesen a alguno de los siguientes asuntos:
- Llamamiento y asiento en Cortes Generales por el brazo militar de los caballeros.
- Cédulas de acostamiento o remisión de armas y caballo.
- Derecho de posesión y uso o denuncia de escudo de armas en casas, palacios, sepulturas y capillas.
- Derecho de ejercer cargos de república por el Estado de Hidalgos.
- Exención de contribuciones, pechas, cuarteles y alcabalas.
- Derecho de posesión de vecindades foranas, doble porción de aprovechamientos vecinales y aves rapaces y perros de caza.
- Solicitud de libertad de la cárcel por deuda civil.

Esta publicación tendrá sin duda una buena acogida entre los genealogistas, estudiosos del derecho nobiliario e historiadores y será de gran utilidad para un mejor conocimiento de los hidalgos en el Reino de Navarra y la sociedad en la que vivieron.

ARGÜESO



Escudo medio partido y cortado. Primero, de plata con una encina arrancada, al natural. Segundo, de gules con una banda de sinople, perfilada de oro y engolada de dragantes del mismo metal, atravesada por una espada de plata con la guarnición de oro. Y tercero, de azur con una torre de plata, mazonada y aclarada de gules, siniestrada de un león de oro, linguado de gules, empinante a la torre, y ambos puestos sobre dos fajas de plata; en el cantón diestro del jefe, una lis de plata; bordura de azur con cinco torres de plata y cinco leones de oro, alternados.

CONDE DE LA VALENCIANA



Escudo cuartelado. 1º, en campo de gules, un guerrero, de plata, montado en un caballo alterado, del mismo metal, con una espada en la diestra; en punta una cruz flordelisada, de oro, resaltada de un círculo cordonado, surmontada de tres flores de lis, puestas una y dos, adiestrada de una rueda y siniestrada de una espada, puesta en faja y con cazoleta de plata; 2º, en campo de plata, un puente de piedra, de cinco ojos, sumado de un árbol de sinople, surmontado de tres flores de lis, de oro, puestas una y dos, adistrado de un caballero, de azur, con una espada en la diestra y siniestrado de cinco cabezas de doncella, de su color, puestas una, dos y dos, la primera coronada; 3º, en campo de azur, cinco veneras, de plata, en aspa, y 4º, en campo de plata, cuatro barras, de azur, cargadas de un pez.

DUQUE DE VISTA-ALEGRE, G. DE E.



En campo de gules, un guerrero armado a caballo, de plata, que embraza un escudo, de púrpura, cargado de una cruz, de plata, con dos traviesas. El caballo en posición de salto sobre una fortaleza en el cantón diestro de la punta.

MARQUÉS DE SALVATIERRA DE PERALTA



Escudo cuartelado por una cruz, la mitad superior de oro y la inferior de gules: 1º, en campo de azur, una estrella, de oro; 2º, en campo de gules, un caballero armado jinete de un caballo, de plata, con una espada en la diestra, y a sus pies tres indios muertos, con sus banderas; 3º, en campo de plata, un león al natural, rampante y coronado, y 4º, en campo de azur, una torre de piedra sobre un rio. Bordura general con la mitad superior de oro y cinco cruces de gules, y la mitad inferior de gules, con tres cruces de oro. Escusón de gules, con un grifo, de oro, sobre una media luna, de plata, en un escudo de losange, puesto en abismo sobre las armas de Navarra.

SITUACIÓN LEGAL DE LA NOBLEZA EN ESPAÑA

SITUACIÓN LEGAL DE LA NOBLEZA EN ESPAÑA
El pasado mes de noviembre de 2014 se cumplieron 60 años de la constitución de la Real Asociación de Hidalgos de España.
En el acto fundacional decía Don Vicente de Cadenas que “Bajo la común aspiración de conservar la tradición española y de que no se pierda el recuerdo y el nombre de Hidalgo, … nos hemos reunido aquí para constituir una Asociación que acoja a todos los que tengan tal calidad … para no dejar perder … un modo de ser, de sentir y de pensar, cual recoge en sí y caracteriza a la hidalguía …”
Esta nota pretende destacar que es la Hidalguía a la luz de la ley y la jurisprudencia, aspectos estos tratados con mayor autoridad y extensión en el “Dictamen Jurídico sobre la Nobleza no Titulada en España” editado por el Instituto Español de Estudios Nobiliarios.

La confusión de estados
La Constitución española de 1978 establece que “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”. Entre las distintas funciones que dicha Constitución atribuye al Rey está, en el artículo 62 f), la de “conceder honores y distinciones con arreglo a las leyes”, sin ponerle límites ni en el ámbito civil ni en el militar ni en la naturaleza de tales distinciones. Por lo demás, la Constitución no hace mención expresa de la nobleza, incluyéndola dentro de la concesión de honores.
En España existen la nobleza de sangre, llamada propiamente hidalguía, y la nobleza de privilegio. Aquellos que están en posesión de un título de nobleza (Grande, Duque, Marqués, Conde, Vizconde, Barón o Señor) pueden poseer nobleza de sangre si pertenecen a un linaje hidalgo en el que la nobleza se transmite de padres a hijos, generalmente por línea de varonía o, en otro caso, serán nobles de privilegio por cuanto los títulos del reino llevan nobleza aneja. Señalemos que frente al número de nobles existentes en España los nobles con título representan una mínima parte, no superior al 2 por mil.
Las Cortes de Cádiz, y la Constitución de 1812 salida de ellas, suponen un acontecimiento, fruto de movimientos sociales y políticos anteriores, que cambia de forma radical el ordenamiento jurídico del estamento nobiliario. El resultado es lo que se conoce como “confusión de estados”.
Esta confusión de estados no se produce como consecuencia de una norma legal única sino que es el resultado de un proceso de cambios legales que se extiende durante varias décadas a partir de 1812.
-       El artículo 8 de la Constitución de Cádiz de 1812 suprime uno de los principales privilegios de los nobles, como es la exención del pago de determinados tributos o pechos, al establecer que “También está obligado todo español, sin distinción alguna, a contribuir en proporción de sus haberes para los gastos del Estado”, reiterado en las constituciones de 1837, 1845 y 1876.
-       La sociedad estamental del Antiguo Régimen, existente desde la Edad Media, queda completamente liquidada con el artículo 248 de la Constitución de 1812 al establecer que “En los negocios comunes, civiles y criminales no habrá más que un solo fuero para toda clase de personas” , suprimiendo con ello el fuero privilegiado de los nobles.
-       El Decreto de las Cortes de 17 de agosto de 1811 ya había decretado la supresión de las pruebas de nobleza para el ingreso en las academias y colegios del Ejército y de la Armada, reiterado por un decreto de las Cortes de 9 de marzo de 1813.
-       La ley de 11 de octubre de 1820 suprimió todos los mayorazgos.
-       Otros privilegios de los hidalgos fueron suprimiéndose, tales como el no ser sorteados para quintas, disponer de la mitad de los cargos concejiles, no ser apresados por deudas, etc., etc.
Sin embargo desde las Cortes de Cádiz no hay ley ni decreto que suprima la calidad de noble en aquellas personas que tienen derecho a ella, una hidalguía que legalmente es irrenunciable. Se suprimieron, eso sí, todos los privilegios jurídicos, patrimoniales y fiscales de los que disfrutaban los hidalgos.

Vigencia de la legislación relativa a la nobleza
Excepto en lo relativo a los privilegios, continuaron vigentes gran parte de las disposiciones legales contenidas en la Novísima Recopilación de las Leyes de España, de 1805, especialmente las del Libro XI, Título XXVII, y en la legislación anterior (Partidas de Alfonso XLeyes de ToroNueva Recopilación, etc.) en cuanto no se opusieran a lo dispuesto en la Novísima Recopilación.
Prueba de que la condición de la nobleza o hidalguía permanecía legalmente vigente son, a modo de ejemplo, las siguientes disposiciones:
-       El Decreto de la I República, de 28 de abril de 1873, que en su artículo 1º, dice: “No se concederán en lo sucesivo grandezas de primera, segunda y tercera clase, títulos de Duques, Marqueses, Condes, Vizcondes y Barones, ni privilegios ni ejecutorias de hidalguías, de solar conocido y devengar 500 sueldos, ni cualesquiera otros títulos u honores de esta especie.” Este Decreto, derogado parcialmente por el Decreto de 25 de junio de 1874 y totalmente por la Ley de 6 de enero de 1875, lo que deja patente es la vigencia de la hidalguía, en plano de igualdad legal con los títulos del reino.
-      Hasta el año 1847, por Real Decreto de 26 de julio, la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, establecida por Real Cédula de 19 de septiembre de 1771, exigía la nobleza de sangre de los caballeros, cuyas pruebas “consistirán en hacer constar la vida arreglada y buenas costumbres del interesado, su legitimidad, cristiandad y limpieza de sangre y oficios … y la nobleza de sangre, y no de privilegio, del pretendiente, su padre y abuelo paterno … a uso y fuero de España …” 
-       El Real Decreto de 1 de agosto de 1876 relativo a la organización del Tribunal de las Órdenes Militares. En su artículo 5, párrafo 1º, dice: “Conocer los expedientes de pruebas de legitimidad e hidalguía que deben hacer las personas a quienes Yo concediere merced de Hábito en alguna de las Ordenes”.
-       Reinando S. M. Isabel II, con la reorganización de la Administración de Justicia de 2 de febrero de 1834 y la creación de las Audiencias Territoriales, la Reina Gobernadora resolvió, el 26 de mayo de 1835, que los juicios de hidalguía se resolviesen por las Audiencias como casos de Corte.
-       El Estatuto Nobiliario, redactado por la Comisión Heráldica creada por Real Orden de la Presidencia del Consejo de Ministros de 3 de julio de 1927, aunque por avatares políticos no llegó a ser convertido en Ley, lo cierto es que supone un claro reconocimiento por parte del Rey y del Gobierno de la España de la existencia de la nobleza de sangre o hidalguía. El Preámbulo de dicho Estatuto Nobiliario se refiere a ella como “una nobleza cuya historia no es superada por la de ningún Pais”, pero es la española “de todas las monarquías europeas, la más negligente en cuanto al mantenimiento y conservación de lo que a su Nobleza se refiere …”. El objeto de dicho Estatuto Nobiliario era, partiendo de la existencia de nobles de sangre o hidalgos en España, completar la legislación vigente creando los organismos oficiales capaces de reconocer tanto a los nobles de sangre como a aquellos nuevos nobles por privilegio Real. El Estatuto incluye la recopilación de los actos positivos de nobleza tradicionales en España, con las particularidades de cada Reino, Principado o Señorío.
-    En la misma línea de reconocimiento expreso y registro de los hidalgos, otros organismos oficiales restablecieron los antiguos padrones. Así:
-       El Ayuntamiento de Madrid, por acuerdo de 27 de febrero de 1953, acordó “restablecer el secular Padrón de Nobles de Madrid … con aprobación de su expediente de genealogía, nobleza y cristiandad”.
-       Igualmente establecieron los tradicionales Padrones de Nobleza la Diputación Foral de Álava, el 24 de diciembre de 1958, y la Diputación Provincial de Alicante el 16 de julio de 1959.
-       En fechas recientes, la instrucción General 06/12 del Ministro de Defensa, de noviembre de 2012, “autoriza el uso sobre los uniformes … de las insignias o distintivos de las Corporaciones Caballerescas Históricas …” en su mayor parte constituidas por los hidalgos españoles (Ordenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, Reales Maestranzas, Cuerpo de la Nobleza de Madrid, Real Asociación de Hidalgos de España, Real Cuerpo de la Nobleza de Cataluña, Cuerpo de la Nobleza Valenciana, etc.)
-       Aunque no se trata de una confirmación nobiliaria sino heráldica, el 5 de octubre de 1981 se manda expedir Real carta firmada por S.M. Juan Carlos I en la que se confirma el derecho al uso de escudo de armas a los “Caballeros Diviseros Hijosdalgo del Ilustre Solar de Tejada”. Esta Real Carta reconoce explícitamente la existencia de hidalgos en este Ilustre Solar de España.
Así pues, el “estamento nobiliario” ha desaparecido al constituirse el nuevo régimen constitucional democrático, pero no los hidalgos como personas que pertenecen a un linaje noble, aunque no posean ya privilegio legal alguno.

La nobleza personal
Precisamente por la vigencia de las leyes de contenido nobiliario, nunca derogadas, es posible en España que determinadas personas puedan acceder a la nobleza en determinadas circunstancias.
La nobleza puede heredarse por derecho de sangre, es la denominada propiamente hidalguía, o puede poseerse por concesión del soberano, es la llamada nobleza de privilegio. A su vez, esta puede ser transmisible a los herederos o exclusivamente personal. Las concesiones podrán ser con carácter directo a una determinada persona  o bien con carácter general por pertenencia a una determinada orden o institución o por alcanzar un determinado cargo. Hoy siguen vigentes las siguientes:
-       La Real y Americana Orden de Isabel La Católica, que en el apartado VII de sus Estatutos Fundacionales, expedidos por Fernando VII por Real Decreto de 24 de marzo de 1815, otorga “la nobleza personal a favor del que no la gozare” con anterioridad. La vigencia de esta disposición fue declarada por el Ministerio de Asuntos Exteriores, en que radica la Cancillería de la Real Orden de Isabel La Católica, el 27 de mayo de 1996. Dice la comunicación “… Los artículos I, II, VII, XIII y XIV del Reglamento original de la Real y Americana Orden de Isabel La Católica, publicado el 24 de mayo de 1815, continúan en vigor, dado que las sucesivas reformas de dicho Reglamento ni derogan expresamente estos artículos ni su contenido es incompatible con el espíritu que alentó dichas reformas”
-       El artículo 34 de los Estatutos de 1757 de la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, aprobados por Fernando VI mediante Cédula de 30 de mayo de 1757, estableció que “A todos los Académicos profesores, que por otro título no la tengan, concedo el especial privilegio de la nobleza personal con todas las inmunidades, prerrogativas y exenciones que gozan los Hijosdalgo de sangre de mis Reinos”. Este privilegio fue recogido como Ley I del Título XXII del Libro VIII de la Novísima Recopilación de las Leyes de España, aprobada por Cédula de 15 de julio de 1805. Este privilegio se hizo extensivo a los académicos de la Real Academia de San Carlos de Valencia por Resolución de Carlos III dictada el 22 de junio de 1777.
-       Sobre la posesión de nobleza personal por los Oficiales del Ejército recogemos las siguientes referencias: “Por Real orden de 8 de octubre de 1753 … resolvió S. M. , que siempre que obtuviesen los empleos de regidores en el principado de Cataluña los que fuesen Capitanes y Oficiales de mayor grado militar, sean incluidos en la clase de simples Caballeros … entendiéndose por sólo los días de su vida, sin que sus hijos puedan pretender se les mantenga en la distinción que han gozado sus padres.” “… por Real orden comunicada al Consejo en 16 de abril de 1799 … se sirvió S. M. declarar, que … por el empleo de Oficial gozaba de la hidalguía personal, y por consiguiente las gracias concedidas a los del estado noble.”
Hemos de añadir, además, la hidalguía alcanzada por matrimonio. En el caso de las mujeres que no fuesen hidalgas, pueden alcanzar la hidalguía por medio del matrimonio. Así lo establece la Partida Cuarta, Título XXIV, Ley II, y lo recoge la Novísima Recopilación, Libro XI, Título XXVII, Ley II, al decir: “Mando…  que aquellos que fueren notorios hijosdalgo de solar conocido, o hubieren habido sentencia de cómo son dados por hijosdalgo … les sea guardada su franqueza y hidalguía; y otro sí a las mujeres que fueron casadas con hijosdalgo, y mantuvieren después castidad …”

La Hidalguía en el Derecho
Con la desaparición de la sociedad estamental desapareció la función política de la nobleza, pero no desaparecieron los nobles.
En la Constitución de 1978 no existió la intención de abolir la nobleza en el ordenamiento legal español, ya que si esta hubiese sido la intención se habría incluido expresamente un artículo que la aboliese.
La existencia de un título nobiliario no es requisito indispensable para la posesión de la calidad de noble, aunque en determinados casos sea su origen. La nobleza de sangre o hidalguía se transmite a todos los descendientes, por línea de varón, salvo contadas excepciones, mientras que el título se transmite a una sola persona.
El artículo 14 de la Constitución de 1978 establece que no podrá “prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión, o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, entendiendo discriminar como diferencia no justificada que pueda perjudicar a un sujeto en sus derechos o libertades.
La razón legal de la validez del otorgamiento de honores y distinciones en un Estado de Derecho está en que no supone ninguna ruptura del principio de igualdad el hecho de reconocer los servicios prestados por determinados ciudadanos a favor de la Nación concediéndoles distinciones, incluso nobiliarias, que no impliquen desigualdad jurídica ni afecten a los derechos ni ataquen la dignidad de las personas. Este reconocimiento de los méritos y servicios no tiene que limitarse al presente sino que debe aceptar reconocimientos de carácter histórico, justificando y aceptando así las concesiones de honores en siglos pasados. Así lo confirma el Tribunal Constitucional en su sentencia de 9 de junio de 1982 al decir que los títulos nobiliarios tienen “la finalidad de mantener vivo el recuerdo histórico al que se debe su otorgamiento” y que la nobleza, y los títulos … , solo podía resultar compatible con el régimen constitucional en la medida en la que fueran considerados manifestaciones históricas de eminente valor simbólico”. La Constitución española no solo no prohíbe la condición honorífica de noble sino que permite su concesión “Como honor, y no otra cosa, con la que el Estado distingue legítimamente a determinados ciudadanos”.
El Tribunal Constitucional ha afirmado la compatibilidad de las dignidades nobiliarias, entre las que está incluida la hidalguía, con la Constitución.

El reconocimiento de la hidalguía por los Tribunales de Justicia
Los Tribunales de Justicia han tenido pocas pero importantes actuaciones. En los últimos tiempos se han producido varios procesos judiciales cuya finalidad era obtener una declaración de Hidalguía a Fuero de España con nobleza de sangre.
-       El Juzgado de Primera Instancia nº 4 de Barcelona aceptó la acción de jactancia presentada por quien pedía ser reconocido como Cavaller del Principat de Catalunya, con nobleza de sangre. La sentencia, que es firme, dictada el  5 de septiembre de 1984, estima íntegramente la demanda presentada y falla:
-      A estar y pasar por la declaración de que el actor es “Cavaller del Principat de Catalunya” con nobleza de sangre notoria, …
-     Que la declaración de “Cavaller del Principat de Catalunya”, ostentada por el actor, es en todo equivalente y en nada inferior a la de hidalguía de sangre castellano-leonesa, también denominada Hidalguía a fuero de España.
Esta sentencia es firme y con ella quedó aceptada y afirmada judicialmente la posesión de la calidad de hidalgo y, por tanto, su reconocimiento legal.
-       El Tribunal Supremo dictó el 16 de febrero de 1988 una sentencia que ha dado lugar a interpretaciones contradictorias. En esta sentencia, mediante la acción de jactancia, la materia es la petición de la “declaración de que el actor es hidalgo a Fuero de España con nobleza de sangre”
El juzgado de primera instancia nº 10 de Madrid dictó sentencia el 17 de marzo de 1984 declarando “no haber lugar a pronunciamiento por falta de jurisdicción y competencia para ello”, sentencia confirmada por la Sala Tercera de lo Civil de la Audiencia Territorial de Madrid, el 22 de mayo de 1986. Ambos tribunales no rechazan la existencia de la hidalguía sino de una regulación legal que permitan resolver el caso en vía judicial.
Esta misma Sala manifestó posteriormente, en 1988, “que no cabe la menor duda que el denominado derecho nobiliario histórico se encuentra totalmente vigente, y en su integridad, en todo lo que sean prerrogativas de honor, dignidades y preeminencias”.
El demandante presentó recurso de casación ante el Tribunal Supremo fundado, principalmente, en que “el Juzgado de Primera Instancia y la Audiencia Territorial hicieron dejación de su obligación y no ejercitaron su evidente jurisdicción para resolver el asunto civil planteado, creando con ello una indefensión” … “habiendo remitido al demandante a un Órgano Administrativo no jurisdiccional” … “como es el Ministerio de Justicia”.
El demandante alega así mismo varias infracciones del ordenamiento jurídico que era aplicable, principalmente las Leyes de las Partidas y las de la Novísima Recopilación sobre la posesión de la hidalguía y su carácter honorífico irrenunciable (Ley II del Título XXI  y Ley III, del Título XXI, Partida Segunda, Ley III, Título II, Libro VI y Ley XV, Título II, Libro VI de la Novísima Recopilación, Artículo 13 de la Ley de 11 de octubre de 1820, etc.)
Entre los fundamentos de Derecho la sentencia manifiesta que el recurrente ha propuesto y practicado una prueba montada sin posible contradictor privado, que, en la actualidad, la Ley de Enjuiciamiento Civil no contempla este tipo de acción declarativa, elementos esenciales para declarar la falta de jurisdicción y competencia de los tribunales sobre la materia.
En dichos fundamentos de Derecho se añaden unas consideraciones sobre la desaparición de los hidalgos como clase social privilegiada (lo que nadie puede discutir ni defender la existencia de una clase social de nobleza ni ningún privilegio derivado de tal condición), y con ello la supresión de las pruebas de nobleza para determinadas funciones públicas, lo que es evidentemente cierto y justo al declararse en la Constitución de 1812 que “no habrá más que un solo fuero para toda clase de personas”
Otras afirmaciones en estos fundamentos de Derecho, lejos de negar la existencia hoy de la hidalguía, la reconocen, especialmente cuando incluyen que “no existe en España ningún Organismo similar a la Consulta Aráldica Italiana o al Conseil Heraldique de Bélgica o al Colege of Arms de la Gran Bretaña, cuya única misión es la de confirmar o registrar o conceder nuevos escudos de armas, y no hay, pues, hoy en día medio legal para quien siendo noble quiera hacer ostentación de su calidad, como no sea Título o pertenezca a alguna de las Corporaciones reconocidas oficialmente”, lo que confirma que, a juicio del Tribunal, para aquellos que hoy son hidalgos  no hay una corporación o instancia de validación de la hidalguía, lo cual no impide en modo alguno que pudiera existir ni que pudiera crearse ex novo.
-       La Sala Tercera de lo Civil de la Audiencia Territorial de Madrid, el 15 de febrero de 1988 dictó sentencia, revocando otra anterior del Juzgado de Primera Instancia nº 5 de Madrid, en la que la Audiencia reconoce el derecho del recurrente a ser tenido como “Señor de la Casa de Mirones y Señor de la Casa de Güemeson”. En los fundamentos de Derecho, la Audiencia afirma “Que los Señoríos no han desaparecido y están regulados por las leyes de Partidas y Leyes de Toro, las cuales no han sido derogadas … A cuyo respecto es oportuno manifestar que no cabe la menor duda que el denominado derecho nobiliario histórico se encuentra totalmente vigente y en su integridad, en todo lo que sean prerrogativas de honor, dignidades y preeminencias, y derogado todo lo que afecte a las facultades de orden económico, procesal o jurisdiccional”. Así, el recurrente obtuvo la sentencia ejecutoria despachada en nombre del Rey.
Por todo lo anterior, queda afirmada la compatibilidad de la Hidalguía con el actual ordenamiento jurídico, pues, de lo contrario, las sentencias analizadas habrían desestimado las causas alegando la incompatibilidad de la condición de hidalgo con la Constitución Española.
Esta es precisamente la transformación operada por el régimen constitucional. La nobleza, titulada y no titulada, es conforme con la Constitución y con el resto del ordenamiento jurídico porque se ha desprendido de todas aquellas connotaciones que hubieran resultado incompatibles con los valores, principios y derechos que fundamentan el sistema democrático; su consideración como un honor, una distinción o una dignidad simbólica permiten su coexistencia con el sistema constitucional español.
Si en determinados procesos judiciales se declaró la incompetencia del tribunal en esta materia y se dirigió al demandante a presentar su petición ante el Ministerio de Justicia, esto es por seguir en vigor la institución de los Cronistas Reyes de Armas. El Real Decreto de 29 de julio de 1915 les concedía la facultad de “expedir certificaciones de armas, genealogía y nobleza”. Por su parte, el Decreto de 13 de abril de 1951, vigente en la actualidad, regula las funciones de los Cronistas Reyes de Armas. Su artículo 4º les faculta para “expedición de certificaciones de nobleza, genealogía y escudos de armas”            … “con el visto bueno del Ministerio de Justicia”.
A la espera de que se convoquen nuevas plazas de Cronistas Reyes de Armas, el último habilitado por dicho Decreto fue Don Vicente de Cadenas y Vicent.

La jurisprudencia constitucional en el reconocimiento de la hidalguía
El Tribunal Constitucional ha dictado diversas resoluciones sobre la nobleza. De especial interés es la sentencia 27/1982, de 9 de junio, que trató sobre un recurso de amparo presentado por la vulneración del principio de igualdad en relación con el requisito establecido en la Carta de concesión del título de Marqués de Cartagena que obligaba a que “quien hubiere de suceder en el título haya de casar con persona notoriamente noble”.

En esta sentencia el Tribunal Constitucional declaró que "el ser noble ... es un hecho admitido por el ordenamiento jurídico actual, que ampara constitucionalmente su concesión por el Rey a cualquier español". Esta afirmación es válida tanto para la nobleza titulada como para la hidalguía y así se manifiesta en la propia sentencia al recoger "Que el recurrente no ha probado el requisito de haber casado con persona noble - que tanto quiere decir en su alcance institucional con persona de linaje nobiliario - mientras que sí ha acreditado el cumplimiento de tal hecho condicionante el demandado". Queda manifiesto, pues, que el alto Tribunal no exige la posesión de un título nobiliario para ostentar la condición de noble, dando valor a lo establecido en las Partidas del rey Alfonso X: "hidalguía es nobleza que viene a los hombres por linaje".

Sentencia que declara que "... no puede afirmarse que el hecho de ser o no ser noble, tener o no tener título, carezca totalmente de relevancia para el ordenamiento, pues lo irrelevante para el Derecho es aquello que éste no contempla ni regula. Y siendo un hecho lícito el ser noble no puede tampoco considerarse vejatorio ni contrario a Derecho el que con efectos limitados a determinadas relaciones jurídicas privadas se exija la prueba de que uno mismo es noble (por ejemplo, para poder ser miembro de un club o asociación deportiva privada) o de que lo es su cónyuge (como sucede en el caso que nos ocupa)

En fin, el Tribunal Constitucional ha reiterado que los títulos nobiliarios están desprovistos “hoy de cualquier contenido jurídico-material en nuestro ordenamiento, más allá del derecho a usar un nomen honoris que viene a identificar, junto al nombre, el linaje al que pertenece quien ostenta tal prerrogativa de honor”. Afirma el Tribunal Constitucional que, actualmente, la posesión de un título nobiliario no otorga ningún estatuto de privilegio al tratarse de una distinción meramente honorífica cuyo contenido jurídico se agota “en el derecho a adquirirlo, a usarlo y a protegerlo frente a terceros…”.

Al igual que ocurre con el título nobiliario, la Hidalguía carece de contenido jurídico-material en nuestra ordenamiento legal que determine un status jurídico-social, salvo el derecho a utilizar un nomen honoris como referencia histórica, pero que constituye un bien inmaterial, parte del patrimonio de determinadas personas y linajes.